Mali
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| La mítica ciudad de Tombuctú es la salida natural al desierto del Sahara y está situada en la República de Mali casi a la orilla del río Níger. Al otro lado del río se extiende el Sahel, una región geográfica diezmada por años de sequía. El desierto implacable extiende su avance hacia el sur. |
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Tombuctú era precisamente el primer destino de nuestro viaje, si bien la primera noche dormimos en Bamako, la capital del país, en un adecentado hotel a orillas del río Níger Unas pocas horas en Bamako bastan para darse cuenta de hasta que punto el río Níger es una de las principales arterias del país. |
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| Bañada por la luz azulada de la luna Tombuctú
mostraba una cara misteriosa, de sombras inquietantes, silencios y susurros,
no perceptible para la cámara fotográfica pero balsámica
para el corazón. |
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Durante los siglos XIV- XVI Tombuctú fue la ciudad de referencia del mundo musulmán. "El oro viene del sur, la sal del norte y el dinero del país del hombre blanco; pero los cuentos maravillosos y la palabra de Dios sólo se encuentran en Tombuctú", reza un antiguo proverbio. Quizá es verdad que la ciudad se halla cerca de Dios, por la atmósfera que desprende, porque gracias a la nitidez del aire parece que el cielo se puede tocar. |
Dos días después dormimos la que sería la primera de varias noches al raso en un campamento situado a las afueras de Tombuctú. Nos instalaron una amplia tienda de campaña, a semejanza da la jaima tuareg, y los habitantes de un poblado vecino nos recibieron con música, cantos y danzas tradicionales. |
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| La siguiente noche acampamos en un descampado alrededor de un oasis y
al lado del campamento de una familia tuareg que enseguida vino a compartir
su tiempo con nosotros. Mujeres, hombres y niños se sentaron junto al fuego, trajeron el camello y al poco rato las mujeres adolescentes empezaron con sus cánticos. Después compartimos la comida y la leche de cabra que ellos nos ofrecieron como señal de bienvenida. Las horas pasaron dulces, con el crepitar del fuego. Cuando todo el mundo se había retirado a dormir todavía estuve un par de horas compartiendo la ceremonia del té con uno de los jóvenes de la familia. "El primer té es fuerte como la vida. El segundo dulce como el amor. El tercero suave como la muerte." . |
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Habían pasado algunos días y la luna, ya menguante empezaba
a ser perezosa en su aparición nocturna, así que durante horas
podíamos contemplar las estrellas junto al crepitar del fuego, mientras
el contacto permanente con la arena ya nos resultaba extraño. La arena penetra por todos los poros de tu cuerpo, y, sin embargo, tienes la sensación de su honestidad, de su limpieza. Tienes arena en las cuencas de los ojos, en la nariz, en la boca, y cuando la sostienes entre tus manos y la dejas escurrir plácidamente llegas a meditar, a pensar muchas cosas, mientras la noche transcurre lentamente. |